El Proceso

Voces desde el lado feo de la curva

Aquellos maravillosos años (II)

Después de la primera parte que pudisteis ver y escuchar, que espero disfrutáseis tanto como yo al redescubrir lo que os ofrecí y muchísimo más que existe a disposición de cualquiera dispuesto a buscarlo revolviendo poco en los recuerdos, me di cuenta de que se podían abrir perfectamente dos capítulos más.
El que hoy nos ocupa creo que estaréis de acuerdo que merece un capítulo aparte y entero sólo para él.
Enseguida tras viajar en el tiempo con las series de dibujos favoritas que yo tenía, y siempre faltando alguna, me asaltaron muchos recuerdos, y todos tenían que ver con el mismo programa que estoy seguro de que os marcó al igual que lo hizo conmigo.

No me digáis que esta sintonía no os devuelve el sabor del bocadillo de vuestra crema de chocolate favorita, mantequilla y mermelada, y las más inverosímiles mezclas que se podían hacer metiéndolo todo en un trozo de pan, tras salir del colegio por la tarde.
Y esa sintonía seguro que enlaza en vosotros cosas parecidas a las que enlazó en mí.

¿Repasamos algunas?

 

Escuchad atentamente las letras.
Estos entrañables personajes no lo eran sólo por ser grandotes y achuchables.

Espinete nos dice que tiene pinchos en la espalda pero por delante no para que cuando nos abrace no nos pinche el corazón.
Don Pin Pon nos habla de sus viajes, atentos a sus palabras porque son el buen rollo del trotamundos hechos poesía.

Y tras estos dos, verdaderos clásicos de nuestra infancia con los que hemos reído y hasta nos hemos desesperado. Incluso hay alguno que ha generado algún miedo infantil.

 

 

¿No os envuelve todo esto en un buen rollo instantáneo?
¿No os dan ganas de compartirlo con los pequeños que conocéis?
Supongo que en todas las generaciones se tiende a pensar que lo que nosotros vimos en nuestra niñez es lo mejor de lo mejor, pero realmente creo que en este caso tanto al poder entrar por los ojos y por los oídos de forma tan amable y con valores puros y sanos como corresponde a los que debe asumir un niño o niña, fue un verdadero privilegio crecer con esto a nuestro alcance.

Que nadie se equivoque, sin unos padres o tutores afianzándolo todo esto no serviría absolutamente de nada, pero eran unos excelentes mimbres con los que ayudarse para educar una generación.

Hoy en día veo con gran preocupación la generación más joven, educada en la inmediatez de todo, sin haber cultivado la paciencia y el esfuerzo para conseguir muchas cosas, seguramente instigada por nosotros mismos, y me preocupa muchísimo cómo una generación educada en el ya y ahora, puede asumir una enfermedad como la nuestra, que no tiene cura ni ya ni ahora, que en la base de su aceptación hay que colocar paciencia y asumir las dificultades como van viniendo, adaptándose a los reveses que te envía la enfermedad, con cintura emocional, intentando sacar algo positivo o al menos no centrarse tan sólo lo negativo para poder seguir adelante.

Me gustaría realmente que la inmediatez de la sociedad actual fuese una realidad para todas las necesidades incluidas todas las muestras referentes a la esclerosis múltiple, pero como todos sabemos en la vida y ello incluye todo lo referente a la biología y medicina las cosas tienen un proceso, en muchos casos lento, en nuestro caso además con una complejidad enorme para comprender a lo que nos enfrentamos, y que por mucho que lo deseemos, e incluso por mucho exigirlo, los tiempos no serán menores que los que realmente se necesiten, y eso teniendo en cuenta que hubiera suficientes recursos para poder llevarlo a cabo con eficiencia, cosa que como todos sabemos no sucede.

Reiniciemos. Repasemos. Volvamos un poco atrás a coger fuerzas sentándonos al lado de aquellos niños y niñas que éramos. Volvamos a ilusionarnos y a coger aire junto a ellos. Quizá los necesitamos en nuestro caso mucho más de lo que nos creemos.

La próxima semana una nueva parada unos añitos después.

 

 

3 comentarios en “Aquellos maravillosos años (II)”

  1. Hola Juanjo, buenos tardes, que bueno recordar los momentos dulces y tiernos de nuestros tiempos infantiles.

    Yo tengo 58 años, Barrio Sésamo lo veía con mis hijos, en España, eran muy chiquitos, es una serie tan entretenida, educativa y los personajes inolvidables…., , ahora recuerdo, cuando yo era pequeña, al TOPO GIGIO y a los maravillosos payasos españoles GABY, FOFO Y MILIKI, los dos un éxito clamoroso en Argentina, aquí en España me imagino que también.
    Planteas una muy buena introducción con nuestras reminiscencias y sí, los niños y los jóvenes de ahora crecen y se desarrollan en entornos y familias diferentes, mis hijos, que ahora tienen 34 y 36 años, reconocen que deben ser de las últimas generaciones que jugaron, con sus amigos, en la calle del barrio de Madrid.

    Pones el dedo en la llaga, es un tema complejo y está bien cuestionarse las cosas. Tanta inmediatez, poca tolerancia a la frustración, el conseguir el premio sin esfuerzo, la forma de vida actual……, influyen y condicionan el crecimiento de los hijos, evidentemente, nosotros los padr@s y nuestro ser , la familia, el medio, los agentes educativos condicionará la personalidad de los peques, y si con esta combinación de elementos, los hijo, pequeños y mayores, tendrán que aprender a vivir.

    Ahora que escribo esto, lo relaciono con una película española, que vi hace unas semanas, me gusto mucho, los actores perfectos, es la historia de una relación …..STOCKHOLM.
    Sugerir una peli es como sugerir un perfume jejeje

    Bueno Juanjo hasta la próxima, un abrazo

    1. Muchas gracias, Maite.
      Como siempre realmente interesante tus aportaciones.
      Para mí, topo gigio no mucho, pero Los Payasos de la Tele, Gaby, Fofó, Fofito y Miliki son un apartado mítico también.
      Me apunto la peli, que no la he visto.
      Un abrazote.

  2. Hola Juanjo
    Como siempre, encantada de leerte. En este escrito estás nostálgico pero a la vez ese punto de vuelta a la infancia me hace sentirte esperanzado y me alegro mucho.
    Qué recuerdos de aquellos años, aunque yo reconoceré que jugué mucho en la calle y con los vecinos, con mi madre, la televisión no era tan importante para mí.
    Lo que dices de estas nuevas generaciones que estamos ayudando a formar, todos y yo me incluyo, lo hemos pensado, demasiado tenerlo todo y además ya. A veces me planteo que hago mal. La vida enseña y a todo se acostumbra uno si toca, eso pienso yo. Mi padre siempre decía «esta chica, ni fregar va a saber» y no hay que ir a la universidad para coger una bayeta y jabón, ganas es lo que hace falta. así que ellos también sabrán salir adelante cuando no haya nadie que se les solucione.
    Un abrazo

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